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Gran Cañon (Arizona) - Foto: Diego Cabero Jambrina

Gran Cañón (Arizona)
Foto: Diego Cabero Jambrina

Hace dos años un email me notificaba que había sido seleccionado para el Programa de Profesores Visitantes en Estados Unidos. Sí, un email.

Cada vez hay menos romanticismo en esto de las notificaciones, incluso cuando son buenas. Para colmo el email lo mismo está en la carpeta de “correo no deseado”. Cosas de las máquinas, del ciberespacio, que a pesar de todo y con todo, por fortuna, no son capaces de sustituir al ser humano en cuanto a emociones o gusto se refiere. A mi en cualquier caso me alegró el día, la noche y me trajo papeleo para dos meses. Esa es la parte más tostón de todo esto, pero merece la pena. Y después de todos los trámites uno llega a Colorado ¿Por qué Colorado? Porque la verdad es que no me importaba tanto el estado en cuestión como el hecho de tener la posibilidad de enseñar fuera de casa. Había que elegir uno y yo elegí ese sin ningún motivo especial. Ahora bien, si hoy alguien me pide una recomendación mi respuesta sería, sin vacilar un momento, Colorado.

Este estado de fronteras trazadas con regla es un territorio que goza de paisajes de película, naturaleza pura, buen estilo de vida, un aeropuerto, el de Denver, con opciones de vuelo a cualquier parte del país… De hecho dicen que Colorado es uno de los estados más “healthy “ (saludable) de Estados Unidos. Me alegro por lo tanto de haber aterrizado ahí, en un territorio de contrastes, de “Rockies” en el oeste y llanuras que se pierden por el este. Tierra de fiebres doradas donde cada uno elige su sueño. Yo no viajé con un sueño dorado en la cabeza pero sí con ganas de un reto en lo personal y lo profesional. Hoy mientras vuelo de regreso a casa y escribo este post me doy cuenta que mis bolsillos van llenos de pepitas que fundiré y convertiré en pesados lingotes de recuerdos. Con esos ningún banco va a especular.

Viajar facilita reconvertir la riqueza material en todo aquello que alcanzas a ver, a vivir. Una mirada de segundos a la inmensidad del Gran Cañón en Arizona te hace sentir especialmente minúsculo, esa sensación bien vale doce horas de “Road Trip”. Un paseo por Las Vegas muestra lo fácil que es ganar y perder a la vez, lo superfluo y fugaz de lo material y no se equivoquen, ahí siempre pierden los mortales porque “…the house will always win” (“la casa siempre ganará”)*. New Orleans es un pasaporte directo al sentir del alma . New York te recuerda que es el “centro” del mundo por si aún no te habías dado cuenta. Los Ángeles un “preparados, listos, acción”…

Aterrizo en Madrid-Barajas. Comienza otra historia.

Diego Cabero Jambrina
La Bañeza, octubre 2012

*como dice Brandon Flowers en su canción “Welcome to Fabulous Las Vegas”

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En un lugar del Báltico…

Fuente imagen: http://www.europa.eu

Tres años hacía que habíamos entrado en el s.XXI y yo me encontraba en Suecia haciendo mis prácticas de maestro. Este tipo de experiencias en época universitaria te empapan de mucho más que de lo meramente académico. El país báltico era entonces el paradigma de Estado de Bienestar para una Europa que quería seguir creciendo con un modelo que llevaba por bandera los derechos sociales conquistados por la socialdemocracia.  Durante ese tiempo pude percibir que el ciudadano sueco creía en su modelo de Estado tan envidiado por otros muchos países. Se creían, y supongo que seguirán creyendo en ello, parte de unas políticas que como sociedad les hacían un poco, o bastante, mejor que la media. Sanidad pública sí, educación pública indiscutible, impuestos por supuesto, igualdad de oportunidades sin lugar a dudas, bajas por maternidad… Y claro, con razón un sueco me dijo mientras departíamos de política: “Suecia no es un país para hacerte rico, pero sí para vivir bien”. No he encontrado una frase que sea tan sencilla y que defina mejor el Estado de Bienestar.

Dos años después leía un titular en “El País” que decía:“Suecia es el único país del mundo donde puedes ganar unas elecciones diciendo que vas a subir los impuestos” .Obviamente las cuentas tienen que cuadrar si todos, y no unos pocos, queremos vivir bien.

¿Cuál es el paradigma hoy para Europa? Me asusta quien piensa que el modelo sueco fue sólo un dulce sueño del que estamos despertando.

Piensen en ello, aun estamos a tiempo de no involucionar.

Diego Cabero Jambrina

Colorado (EE.UU), noviembre de 2011

Bienestar enfermo

Foto de Juan Luis García: THE PROPHECY - LA PROFECÍA

Pasan los meses, los años y la onda expansiva provocada por el pelotazo de Lehman Brothers parece no tener límite. Sí, ahí empezó la crisis, pero hasta el momento nadie prevé su final a corto plazo y mucho menos un final que no sea esclavo, de nuevo, del maldito dinero. De ese dios a adorar-como dice un amigo-bastante pobre.

El omnipresente estado de bienestar en la Europa contemporánea agoniza en un punto de inflexión hacia no sabemos dónde. Consecuencias directas de su flaqueza ya tenemos aunque quizá no queremos verlas por la falsa creencia popular de que las políticas autonómicas son de segunda división. Para muchos la administración central es la culpable de todo los males sin prestar atención a todas las competencias transferidas a lo largo de las últimas décadas a los gobiernos regionales (educación, sanidad…) Un claro ejemplo es la Comunidad de Madrid. Ahí la educación privada campa a sus anchas mientras la pública aguarda con triste expectación el próximo recorte. Sí, compañero, de la noche a la mañana sobran docentes. En junio hacían falta pero en septiembre no ¡Ay! Lo peor es utilizar la crisis como coyuntura en la que pecar está, por oficio, perdonado. Y eso que en el s. XX la educación y la sanidad se ganaron  en el viejo continente un status cuasi sagrado tan solo reservado a los dioses del Olimpo, pero, mira por donde, de la crisis no se libra ni lo celestial. Que se lo pregunten a los griegos que cultura clásica tienen una cuanta, casi tanta como deuda.

 El más que cuestionable juego financiero tan abanderado por los neoliberales nos ha dejado también ángeles caídos de grandes cajas por doquier. Ángeles indemnizados ex profeso para caerse y no levantarse. Les pesan tanto los bolsillos… En esto también, por cierto, han tenido bastante que ver los gobiernos autonómicos. Y lo peor es que con ellos cayó también, aunque sin prestación alguna, la ética. Así las cajas cambiaron el ahorro de aquellos que menos tenían por especulación y prejubilaciones de más de seis ceros, a la derecha, a sus altos (en incompetencia) ejecutivos. Eso sí, la caja bien vestida de “pública” y maquillada de “obra social”. Todo esto apesta.

 Y entre tanto, como dice Sabina, “mientras la tierra gire y nade un pez hay vida todavía”. Y lo cierto es que  el pez parece moverse mejor por dólares (quizá tenga algo que ver  el “In God we Trust” que va con ellos) que por maltrechos euros,  mejor por donde hay menos Estado y peor donde se ha forjado la sociedad de bienestar. “Pezqueñín” , ojo donde nadas que el tiburón  viene a comerte.

    Diego Cabero Jambrina

    Colorado (EE.UU.), octubre 2011

Detrás dejábamos todo un día de coche por carreteras de dudoso firme y caminos sin dueño cuando decidimos montar la tienda de campaña en la plácida orilla de un ‏río del antiguo imperio mongol. La noche se acostó sobre nosotros en un par de horas y todo era tranquilidad hasta que se escucho de boca de Benito: ¡Pero si tenemos la botella de vodka! ¡Y tanto que la teníamos! Eso sí, en no mucho tiempo tan solo quedó el continente porque el contenido pasó a convertirse en inspiradas sonrisas en medio de alguna parte.

Mongolia- Foto: Diego Cabero Jambrina

Total, nuestro plan para la botella que habíamos importado de Rusia era brindar esa noche a la luz de la luna. Ingenuos de nosotros no habíamos contado con las tradiciones locales hasta que nuestro guía Batá tomó un cuenco y empezó a vaciar en él vodka sin escatimar en cantidad. La primera en probar el vodka era la madre tierra, el segundo el espíritu de turno y después el que tocara de nosotros en ronda. Ahora bien, la tradición local estaba bien ideada porque ni la madre tierra ni el espíritu de oficio bebían mucho, tan solo lo que alcanzaban a salpicar los dedos cual bendición, con lo que el grueso del trago quedaba indiscutiblemente en manos de los mortales. Lo que pensábamos que sería una ronda se convirtió en una detrás de otra porque el lugareño que llevaba las riendas del ritual pensó que éste tenía que acabar cuando y solo cuando se terminara el líquido elemento; y por otra parte nosotros no éramos nadie para entrometernos en tan espiritual momento. Entre trago y trago las estrellas cada vez estaban más bajas y la fresca de la noche se disipaba en el calor del cuenco. Esa noche entendimos mongol y al menos a nosotros nos dio la impresión de que Batá nos entendía el español y nuestro maltrecho inglés. Por cierto, la tienda no hizo falta. El vodka abriga.

Diego Cabero Jambrina

Colorado (USA), marzo de 2011

El carnaval de mi tierra

Version audio El carnaval de mi tierra

El carnaval de mi tierra

es el bullicio de una esquina  y la calma de un chocolate con churros,

es el calor de un bar y es también una gélida noche,

es la sonrisa de un niño recogiendo caramelos y la picardía de otro lazándolos,

un cuantioso grupo disfrazado y  también uno mismo con su disfraz,

es correr delante de la benemérita y  es  volar con las brujas,

es una Charra que canta y una charanga que toca,

un megáfono indiscreto y una afonía de buenos días,

es un viernes tranquilo y un sábado de echar chispas,

es el domingo de trajes viejos y el martes de trajes nuevos,

es un desfile programado y un sábado improvisado,

un cuerpo disfrazado y una mente desnuda,

confeti de colores y máscaras en blanco y negro,

una sonrisa de comienzo y una lágrima de final,

es una procesión con “birras” y un entierro con sardinas,

es una fiesta de interés turístico nacional y una mascarada de creatividad local,

un traje de incontables lentejuelas y  también un atuendo de despojos,

es una plaza con sentimiento y una calle que se siente,

es una carroza pomposa y un carrito de supermercado,

esto, y mucho más, es el carnaval de mi tierra,

esto , señoras y señores, es el carnaval de La Bañeza.

Diego Cabero Jambrina

Colorado, EE.UU, marzo de 2011

Cartel Carnaval La Bañeza 1996. Autor: Toño Odón Alonso


 

Transmongoliano- Foto: Diego Cabero Jambrina

Llegamos a la frontera después de más 5000 kms en tren por férreos raíles siberianos. La catenaria desparece una vez pasada la frontera, y la locomotora eléctrica deja paso a otra diesel que se encargará de llevarnos hasta la capital. Cambia la locomotora, cambia el vagón restaurante, cambia el paisaje…todo cambia excepto los vagones de pasajeros, unos vagones de origen soviético que parecen no sufrir el paso del tiempo.

El traqueteo constante sobre viejos raíles nos acompaña durante cientos de kilómetros hasta que cesa de forma definitiva en la estación de Ulan Bator, una capital que se caracteriza por  haberse resistido a ser nómada como su pueblo. Es primera hora de la mañana y los vendedores de leche fresca comienzan a transformar la plaza de la estación en un pequeño mercado que seguro en pocas horas cambiará su silencio por bullicio.

Pisamos calles y aceras maltrechas hasta llegar a un humilde “hostel” habilitado en un piso céntrico de la capital mongola. Entramos y nos encontramos al propietario reparando tiendas de campaña con una vieja máquina de coser. En el ambiente se respira tranquilidad y mientras nos presentamos algunos huéspedes preparan su desayuno en una cocina que hace las veces también de oficina. En el pasillo una pequeña televisión sirve de ventana para las olimpiadas que acaban de dar comienzo en el país vecino. El dueño del “hostel” nos sirve de contacto para contratar un guía con un 4×4 y  poder así ser nómadas durante cuatro días. En pocas horas el guía esta listo para partir. Compramos víveres para los días que vamos a estar fuera del asfalto y de los raíles, surcando las suaves colinas sobre las que algún día Genghis Khan comenzara a forjar su imperio. Nuestro destino por primera vez en miles de kilómetros no es una ciudad, ni un pueblo…será un lago, la orilla de un río o simplemente un lugar indeterminado en medio de la extensa estepa mongola.

DiegoCaberoJambrina

Colorado (EE.UU), 20 de octubre de 2010

Escuela laica

En tiempos no muy lejanos la puesta de crucifijos en la escuela se convirtió en todo un símbolo de éxito para el bando nacional. La victoria del golpe de estado sobre la sociedad que constituía la II República quiso abarcar todos los ámbitos de la vida del individuo. Este hecho es uno de tantos que tiran por tierra la tan ninguneada frase, a la hora de hablar de la Guerra Civil,  de “eran igual unos que otros”. Y no sólo no eran iguales, sino que por no ser no eran ni parecidos. La escuela laica que vio la luz con la II República no era rencorosa con la escuela confesa ya que el laicismo era entendido como un principio fundamental de un estado moderno, y no, como anticlericalismo o anti religión. Nunca quiso esa escuela, sustentada sobre los principios de la Escuela Nueva y de la Institución Libre de Enseñanza, ser verdugo de ninguna religión, pero tampoco quiso ser esclava de ningún credo.

Hoy, en el S.XXI, detrás del planteamiento de suprimir las asignaturas de doctrina de las aulas, no hay un golpe de estado y tampoco unas ganas de revancha; hay simplemente un deseo  de escuela pública laica.

                                                                                                DiegoCaberoJambrina  

abril de 2010