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La noticia de ayer

   Muro de Berlín     Un 10 de noviembre de hace veinte años la maestra preguntó a primera hora de la mañana, como hacía siempre, “¿Qué noticia importante se dio ayer?”. Y ante tal pregunta siempre había varias respuestas obtenidas la mayor parte de las veces de los avances del telediario. Pero ese día, una respuesta, tenía el privilegio de ser con diferencia la más importante, y en el tumulto provocado por respuestas de noticias no tan importantes levanté la mano, y esperé a que la maestra me diera la palabra; entonces respondí decidido: “La caída del muro de Berlín”. A mis ocho años, y aunque no sabía qué separaba ese muro que copaba los informativos, ese muro que hablaba de “Alemanias”, la noticia me impactó. Los ojos inocentes de un niño se cargaron de imágenes de un muro rendido por una multitud que solo quería atravesarlo, de los restos de un muro abarrotado de grafitis; y todo a través de una vieja televisión Grunding. Pero cuando la maestra dijo “si, efectivamente, la caída del Muro de Berlín”, entonces me di cuenta que aquello que mis saberes de entonces no sabían explicar, aquello que hasta el momento era simplemente algo llamativo, era también algo importante.

                                                                              DiegoCaberoJambrina

                                                                                noviembre 2009

              ¡Hostia va! Gritó sin quererlo querer Pedro, el compañero de clase de Mateo, cuando éste entraba distraído en el aula y tropezaba con la tarima para, pasadas unas décimas de segundo, y después de un movimiento parabólico y un centrifugado de brazos en suspensión, darse un palo de morros contra la dichosa tarima.

                -Creo que me he roto un diente – dijo Mateo

                -Lo raro es que no te hayas roto dos, con ese palo que te acabas de dar…- replicó Pedro

                Lo cierto es que a los ojos de cualquiera el sapazo fue descomunal y el estruendo de la cabeza contra la tarima brutal. Seguro que algo se había roto, y nadie supo hasta que Mateo ladeo la cabeza y diagnosticó su estado bucal, si la malparada era la tarima o la cabeza del susodicho.

                Paleto derecho roto en diagonal y el izquierdo sin esmalte en su parte inferior fueron el resultado final del gran porrazo del día, un accidente que antes de que acabara la hora de matemáticas de doña Segis (munda) había llegado  a los oídos de toda la escuela:

                -¡Mateo se ha estampado contra la tarima!- decía un alumno de  5º B a otro de 5ºC.

                -¡Mateo ha partido con su cabeza dos tablas de la tarima!- el de  5ºC susurraba a su amigo de 6º A en el pasillo, entre clase y clase.

                -¡Mateo, el de 5ºA, ha partido en dos la tarima y se ha quedado sin dientes!- esta vez el que lo contaba era el alumno de 6º A a uno de 6ºB.

                Y así, se propagó el sapazo de Mateo por toda la escuela hasta tomar dimensiones inesperadas y solo explicables por la realidad fantasiosa que se aloja en las cabezas de los más pequeños. Cuando la noticia llegó a los de primero, Mateo y la tarima, formaban ya parte de una leyenda: “el niño que abrió con su cabeza la tarima en dos”, cuál Moisés el Mar Rojo.

                Risas con fuga y dentista para Mateo, y sierra y calefacción para la vieja tarima; fueron el veredicto final del director del centro para los legendarios protagonistas de la historia.

                Mateo, al día de hoy, ya es casi arquitecto y la tarima, después de años calcinada resurge de las cenizas más fuerte que nunca, no para que se tropiecen Mateos sino para que se tropiece una autoridad que no se gana elevando al maestro 25 cm.

DiegoCaberoJambrina                                                                                                                   setiembre 2009

Y hablando de tarimas:

http://www.publico.es/espana/253162/tarimas/profesores/centros/publicos/madrid

Septiembre

Hay una calle en mi pueblo que ha estado prácticamente desierta durante todo el verano y sin embargo hoy, uno de septiembre, se vuelve a llenar de coches. No me impresiona mucho porque todos los años pasa lo mismo, aunque siempre hay algún coche nuevo que llama la atención y nos preguntamos ¿de quién será?. Junto a los coches, una verja separa  y a su vez marca el territorio de un edificio, aletargado durante todo el verano, como la calle; un edificio en el que hoy, uno de septiembre, pestañean por primera vez en muchos días sus ventanas y dan un guiño al pueblo con la elegancia de un anuncio “Martini”, insinuando así, que otra vez esta despierto para conquistarte. Hoy son muchos, como cualquier otro uno de septiembre, los que se acercan por esta calle y entran en el insinuante edificio, y es curioso porque unos entran a presentarse y otros a despedirse, unos entran con papeles y otros sin ellos, unos dudan al entrar y otros no,  unos entran sonrientes, y otros expectantes. Hoy, uno de septiembre, los maestros han llegado un año más a la escuela de mi pueblo, y comienza una nueva aventura abriendo las ventanas al mundo.

                                                                                DiegoCaberoJambrina

                                                                                     septiembre 2009

versión audio de “Septiembre”