Un 10 de noviembre de hace veinte años la maestra preguntó a primera hora de la mañana, como hacía siempre, “¿Qué noticia importante se dio ayer?”. Y ante tal pregunta siempre había varias respuestas obtenidas la mayor parte de las veces de los avances del telediario. Pero ese día, una respuesta, tenía el privilegio de ser con diferencia la más importante, y en el tumulto provocado por respuestas de noticias no tan importantes levanté la mano, y esperé a que la maestra me diera la palabra; entonces respondí decidido: “La caída del muro de Berlín”. A mis ocho años, y aunque no sabía qué separaba ese muro que copaba los informativos, ese muro que hablaba de “Alemanias”, la noticia me impactó. Los ojos inocentes de un niño se cargaron de imágenes de un muro rendido por una multitud que solo quería atravesarlo, de los restos de un muro abarrotado de grafitis; y todo a través de una vieja televisión Grunding. Pero cuando la maestra dijo “si, efectivamente, la caída del Muro de Berlín”, entonces me di cuenta que aquello que mis saberes de entonces no sabían explicar, aquello que hasta el momento era simplemente algo llamativo, era también algo importante.
DiegoCaberoJambrina
noviembre 2009