Villaface es una pequeña villa que se caracteriza por dos cosas, una, el siempre aparente estado de paz, y otra; que no hay ni un triste bar. Podríamos decir que por lo demás es un pueblo como otro cualquiera, pero, ¡qué va! Villaface es, es… es el único pueblo del mundo en el que un bando de la alcaldía ha prohibido el uso y abuso de “Facebook” para insultar, faltar, mentir o arruinar al prójimo, un prójimo conectado todo el día al dichoso “enternete”, como lo llama la señora Tomasa.
Toda la historia del bando viene porque Manolo, el “pana”, colgó un comentario en su perfil en el que no se libraba ni el cabo de la benemérita. Imagínense, la pescadera poniendo a parir al frutero, el de las vacas al del gas, el de los ultramarinos al alcalde… Ahora bien, puesto el bando, muerto el perro, que no la rabia. Desde ese día los villafacenses inmersos ya desde años en la era digital se dieron cuenta de que en lugar de usar el “Facebook” de forma racional y no ponerse a parir, mucho mejor echar mano del clásico “face to face” (del cara a cara) para insultarse, ruborizarse e incluso besarse. Al final “Facebook” sin “book” y pueblo con bar.
León, febrero de 2010
DiegoCaberoJambrina


Un 10 de noviembre de hace veinte años la maestra preguntó a primera hora de la mañana, como hacía siempre, “¿Qué noticia importante se dio ayer?”. Y ante tal pregunta siempre había varias respuestas obtenidas la mayor parte de las veces de los avances del telediario. Pero ese día, una respuesta, tenía el privilegio de ser con diferencia la más importante, y en el tumulto provocado por respuestas de noticias no tan importantes levanté la mano, y esperé a que la maestra me diera la palabra; entonces respondí decidido: “La caída del muro de Berlín”. A mis ocho años, y aunque no sabía qué separaba ese muro que copaba los informativos, ese muro que hablaba de “Alemanias”, la noticia me impactó. Los ojos inocentes de un niño se cargaron de imágenes de un muro rendido por una multitud que solo quería atravesarlo, de los restos de un muro abarrotado de grafitis; y todo a través de una vieja televisión Grunding. Pero cuando la maestra dijo “si, efectivamente, la caída del Muro de Berlín”, entonces me di cuenta que aquello que mis saberes de entonces no sabían explicar, aquello que hasta el momento era simplemente algo llamativo, era también algo importante.